Tenerife en 6 días: la isla que no te esperas
Tenerife. La mencionas y la gente piensa en buffets de hotel, sombrillas y todo incluido en el sur. Lo entendemos. Pero hay otra isla debajo de esa, y esa es la que nosotros fuimos a buscar.
Seis días de septiembre. Coche de alquiler. Sin plan fijo más allá del itinerario. Y una isla que, sin avisar, te va poniendo delante paisajes que no cuadran con lo que tenías en la cabeza.
El primer día y el bosque que casi desaparece
Llegamos al aeropuerto Norte a las 9 de la mañana, recogimos el coche y lo primero que hicimos fue parar a desayunar en San Cristóbal de La Laguna. Ciudad Patrimonio de la Humanidad, calles de colores, cafés con solera. Un sitio donde podríamos habernos quedado horas, pero teníamos el Parque Rural de Anaga esperando.
El Parque de Anaga es el pulmón verde del norte de Tenerife y también uno de sus secretos mejor guardados. Un bosque de laurisilva que lleva aquí desde antes de que los humanos llegásemos a complicarlo todo. De hecho, antes de la colonización española, este bosque cubría mucho más de la isla. La historia de los Guanches, los habitantes originales de Tenerife, y de cómo la tala acabó con buena parte de ese ecosistema, le da a este lugar una carga que se siente cuando caminas entre los árboles.
Hicimos la ruta desde la Playa de Benijo arena negra volcánica, olas grandes, el tipo de playa que no invita tanto a tumbarse como a quedarse mirando. Desde ahí subimos hacia El Draguillo, con el bosque cerrándose sobre el camino y las vistas abriéndose de repente al mar. Esos contrastes son los que hacen especial a Anaga.
Por la noche cenamos en Tejina, un pueblo tranquilo al norte. Nada del otro mundo, pero exactamente lo que necesitábamos después de un día tan largo.
Arena negra, vino antiguo y un árbol de mil años
El segundo día empezó en la Playa Bollullo. Arena negra rodeada de acantilados, sin chiringuitos ni ruido, con el agua cambiando de color según le daba la luz. De esas playas que cuando llegas entiendes por qué alguien las descubrió y decidió no contárselo a nadie.
Después de la playa subimos hasta La Orotava, uno de esos pueblos del norte que te recuerdan que Tenerife tiene historia de verdad. La Casa de los Balcones, los Jardines Victoria, las calles adoquinadas que suben y bajan sin avisar. Tomamos un café en una terraza del centro y seguimos.
La tarde la pasamos en Icod de los Vinos, y fue de las mejores decisiones del viaje. A las 17:00 entramos al Museo Malvasía para una cata de vinos. No éramos muy de catas hasta ese día. El vino Malvasía de Tenerife tiene una historia de siglos, Shakespeare lo mencionaba, los navegantes lo usaban como moneda de cambio en alta mar y probarlo allí, con quesos locales y alguien explicándote de dónde viene cada botella, lo convierte en algo completamente diferente a simplemente beber vino.
Al salir, el Drago Milenario nos esperaba justo al lado. Un árbol de más de mil años, con ese tronco que se ramifica hacia arriba como si fuera varios árboles en uno. Uno de esos sitios donde te quedas callado sin saber muy bien por qué.
El Teide: más grande de lo que recuerdas
Hay cosas que crees conocer porque las has visto en fotos. El Teide es una de ellas. Y aun así, cuando lo tienes delante esa mole de 3.715 metros saliendo de un paisaje de otro planeta , te das cuenta de que las fotos no cogen ni la mitad.
Condujimos toda la mañana por la TF-21, parando en cada mirador que encontramos. La carretera en sí ya es un espectáculo: las formaciones volcánicas cambian de color según la hora, los picos aparecen y desaparecen entre nubes, y hay momentos en los que parece que estás conduciendo por Marte.
En el Parque Nacional hicimos la ruta de los Roques de García esas formaciones rocosas que salen del suelo como dedos apuntando al cielo, y paseamos por los miradores del parque. Sin prisa. Comida que habíamos comprado antes de subir, sentados con el Teide de fondo. No hacen falta reservas de restaurante para un día como ese.
Al atardecer paramos en el Mirador de La Tarta y el Mirador de Chipeque. El sol cayendo sobre el mar de nubes por debajo de nosotros, el volcán detrás, el cielo cambiando de color. Esa tarde terminamos en Garachico, donde teníamos el hotel para los días siguientes. Un pueblo pequeño, tranquilo, con piscinas naturales de origen volcánico directamente en el mar. El tipo de sitio que encuentras y agradeces no haberte quedado en un resort del sur.
Masca, Los Gigantes y los delfines que sí aparecieron
El cuarto día fue el más movido, y también uno de los más bonitos.
Empezamos en el Mirador de Masca. El pueblo en sí es casi inaccesible una carretera de curvas infinitas entre barrancos, pero desde arriba se entiende todo: ese conjunto de casas colgadas entre montañas, rodeado de vegetación y con el mar al fondo, es de esas imágenes que no necesitan filtros.
Paramos en el Restaurante Casa Riquelme de camino, tomamos algo y seguimos hacia Los Gigantes. Antes de bajar al puerto, el Mirador Archipenque te da la perspectiva correcta: los acantilados cayendo verticales hacia el mar, 600 metros de roca negra que se cortan de golpe. Desde el agua deben parecer otra cosa. Y lo comprobamos.
A las 15:30 teníamos el tour en barco desde el Puerto de Los Cristianos. Dos horas en el agua, buscando delfines. Aparecieron. Varios grupos, nadando cerca del barco, sin que nadie los llamara. Hay algo en ver a un animal así en su sitio, sin vallas ni cristales de por medio, que te recoloca un poco la perspectiva.
De vuelta, nos bañamos en la Piscina Natural de los Gigantes, agua de mar, roca volcánica, y el atardecer empezando. Terminamos el día en Garachico, cenando sin prisa.
La playa escondida y el último día de isla
El quinto día fue el más tranquilo, y lo necesitábamos.
La Playa Castro es una playa de arena negra a la que se llega por un camino algo escarpado no es un sitio que encuentres de casualidad ni que aparezca en los primeros resultados de búsqueda. Vegetación alrededor, cascadas cerca, poca gente. Exactamente el tipo de lugar que buscamos cuando viajamos.
Por la tarde, piscina del hotel y sin agenda. Esos ratos que en el momento parecen que estás "perdiendo tiempo" y luego recuerdas como de los mejores del viaje.
El sexto día fue el de la vuelta. Pero antes de entregar el coche paramos en el Arco de Tajao una formación volcánica natural que emerge del mar como si alguien la hubiera esculpido y en Bocacangrejo, un pueblo costero pequeño y tranquilo, perfecto para las últimas fotos y el último café antes del aeropuerto.
💡 Consejos de Pedro y Karyna
🚗 El coche es imprescindible Tenerife sin coche de alquiler es otra isla. El transporte público no llega a Anaga, al Teide, a Masca, ni a la mayoría de sitios que merece la pena ver. Reservad con antelación, en septiembre hay bastante demanda.
✈️ Aeropuerto Norte vs Sur Hay dos aeropuertos. Si vais al norte de la isla (Anaga, Garachico, La Laguna), el Norte os ahorra tiempo. Si vais al sur turístico, el Sur. Nosotros volamos al Norte y fue perfecto para nuestra ruta.
🏨 Alojamiento Nos quedamos en Valle de Guerra los primeros días y en Garachico los últimos. Garachico especialmente lo recomendamos mucho, pueblo con encanto, tranquilo, con las piscinas naturales a pie de calle, y mucho mejor base que cualquier resort del sur si queréis explorar la isla de verdad.
🌊 El tour de delfines Salid desde Los Cristianos. Es una de las mejores zonas de avistamiento de la isla. Hay varios operadores, buscad tours pequeños, en barcos con pocos pasajeros. Duración aproximada: 2 horas. Algunos incluyen parada para nadar.
🌋 El Teide Subir al cráter requiere permiso gratuito que hay que solicitar con antelación en la web del Parque Nacional. Nosotros no subimos hasta la cima pero las rutas del parque y los miradores ya justifican el día entero. Llevad comida y agua, dentro del parque no hay muchas opciones y lo que hay es caro.
📅 Cuándo ir Septiembre es perfecto: calor sin el agobio del verano, menos gente que en agosto, y los precios bajan un poco. El norte de la isla siempre tiene algo más de nublado que el sur calculadlo a la hora de planificar actividades.
Tenerife tiene fama de isla de turismo masivo. Y sí, esa parte existe. Pero la isla que nosotros vivimos — el bosque de Anaga, el Teide al amanecer, los acantilados de Los Gigantes desde el agua, la playa de arena negra sin nadie, es una isla completamente diferente.
Solo hay que saber dónde mirar. Y ahora vosotros sabéis dónde.
¿Habéis estado en Tenerife? ¿Conocéis algún rincón que se nos escapó? Dejádnoslo en los comentarios la lista de pendientes en esta isla no para de crecer. 👇